Publicado: Vie May 09, 2008 4:14 pmAsunto: La I Cruzada contra la Plaga
El Comienzo de todo:
Como muchos otros días, no dejo de pensar en los infames no-muertos que habitan en las Tierras de la Peste. He permanecido toda la noche hablando con los espíritus de Castel Darrow, sus lamentos serán silenciados cuando el Rey Exánime caiga, por extraño que parezca, las apariciones no parecen advertir su situación actual, como si se hubiesen quedados anclados en el tiempo, justo antes de que su amada isla fuese contaminada por La Plaga y el gran palacio de los Barov se transformase en la monstruosa academia de Scholomance.
Scholomance... ayer el espadachín Elenihon y yo recorrimos sus pasillos, contemplamos sus salas y purgamos aquel lugar, a nuestras manos fenecieron muchos de los grandes instructores de necromancia, el Lich Ras Levescarcha, la familia Barov, el Carnicero e incluso liquidamos al Gran Maestro Oscuro. Sin embargo creo que se han vuelto a levantar, los estudiantes les habrán revivido probablemente para disfrutar con sus oscuras clases rebosantes de crueldad y terror, llenas de un arte incomprendido para muchos.
Dentro de unas horas llegará la comitiva de la Alianza que se unirá a Lodaeron y Quel'Thalas para combatir a La Plaga, Ser Tristán de La Tour ha asegurado la confraternización entre ambos bandos, mas ciertamente muchos de esos cobardes humanos recelan de nosotros. Los Planes de Rasilt son sencillos, pretende tomar Andorhal y ajusticiar a Araj el Invocador, en vista a la cantidad de tropas que hemos reunido no tendremos problemas para llevarlo a cabo. También ha urdido otra estrategia para neutralizar el bastión de la Cruzada Escarlata, Vega del Amparo. Creo que en éste último punto tendremos problemas con los humanos puesto que muchos de ellos simpatizan con esos fanáticos de la Luz, veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, mientras tanto echaré un vistazo a ese Zigurat que se encuentra sobre mi cabeza, Naxxramas...
Capítulo 1º:
- Buenas Tardes Noktumbra, por lo que veo somos pocos los congregados para la toma de Andorhal -. Lamentó el elfo.
- No te preocupes, pronto llegarán más -.Acabó Rasilt.
Al cabo de cinco minutos aparecen un par de Caballeros Cruzados que completan la comitiva desde la Horda, aún así no hay ni rastro de los miembros Alianzos.
- Estos cobardes nos han dejado vendidos nuevamente -.Gruñó de mal humor Vingilot.
- Es natural en ellos... -Mientras Elenihon acababa la frase apareció un mensajero elfo natural de Tranquilien.
- General, atacan nuestra aldea -.Anunció el recién llegado.
- ¡Bastardos! -.Soliviantó el General mientras se ponía en marcha hacia la defensa de Tranquillien.
El resto del grupo vaciló unos momentos para seguir a Vingilot.
Al llegar a Tranquillien se encuentra con una Paladina Enana y un Humano Pícaro a los que no tarda dar muerte. El guardia que los retenía presentaba heridas leves que su superior se encargó de sanar.
- Esas ratas no molestarán más, sigo sin creer lo bajo que pueden caer los Alimañas cuando se lo proponen -. Vingilot pisa con fuerza el cráneo de la Enana muerta partiéndolo en mil pedazos a la vez que la sangre salpicaba al propio ejecutor.
- Bien...volvamos al Baluarte -.Sentenció Rasilt.
Los Cruzados urdieron un nuevo plan que se acomodase a la nueva situación, exenta de colaboración Aliada, se tomarían las cuatro torretas a fin de menguar los refuerzos de Araj, después se derrotaría al Lich y por último se procedería a purgar la ciudad.
Ya en Andorhal, los Cruzados trabajaron briosamente y lograron capturar las torres con una facilidad abrumadora, mientras tanto Vingilot diezmaba a las tropas de La Plaga en la plaza, por un descuido suyo Araj le columbró desde lontananza, lo que provocó su ira y una posterior carga junto a sus adláteres. El General de Quel'Thalas volatilizó al confiado Lich y neutralizó a sus guardianes, sin embargo fue alcanzado por la hoja de uno de sus enemigos en el brazo derecho.
- ¡¿Qué haces loco?! - Vociferaba Rasilt desde una Torre.
- Ha empezado él - Se excusaba Vingilot mientras que señalaba con el dedo una mota de polvo azul radiante.
- Le has atacado antes de tiempo, volverá en cuestión de minutos con una nueva hueste. - Seguía el Renegado.
Para sorpresa de muchos los miembros del Alba de Plata hicieron acto de presencia: - Derowen, Tristán y Silverback (Mamá pollo para los amigos). Cuando las torres fueron tomadas definitivamente las fuerzas Cruzadas se centraron en la próxima reaparición del señor Andorhal, Araj.
Como una exalación, salió de la nada la abyecta criatura lanzándose cual saeta hacia los guerreros más inexpertos, no obstante él mismo sabía que sería derrotado en un parpadeo...
Las espadas cortaron hueso, los paladines purificaron con su luz y el maldito Lich se evaporó del escenario de la batalla, haciendo gala de su innata cobardía.
- Bien, ahora nos queda "limpiar" la ciudad-. Ordenó Nightroad.
A tenor de esta instrucción se sucedieron en Andorhal diversas escaramuzas las cual terminaron con triunfos por parte de los Cruzados.
- ¿Qué haces?, ¿Maravillándote de la ingeniería humana? -. Preguntó Mordrekai a Vingilot.
- Observaba al espantapájaros, mira, fíjate en este saco de huesos, son una obra de arte ¿No crees? -. Sugirió el aludido.
- Tienes un gusto muy extraño... vaya, parece que hemos acabado con todos. -.Dijo el Guerrero Orco.
El General asintió con un suave ademán de cabeza y se encaminó junto al orco hacia la salida de la ciudad.
- ¡Victoria Hermanos! ¡Lo hemos logrado! -.Rasilt daba saltos de alegría, festejando la derrota de La Plaga en uno de sus bastiones.
Tristán de la Tour acompañaba a Rasilt junto a otros Cruzados en las celebraciones.
- Mañana peregrinaremos a La Capilla de la Luz, debemos descansar hasta entonces. Mañana nos veremos otra vez. -
Los valerosos combatientes abandonaron las Tierras de la Peste para aliviar sus lacerantes lesiones bajo la atenta mirada de un enemigo invisible...
La Corrupción
Silencio... máxima quietud, soledad eterna... la oscuridad imperaba en la vetusta posada del Cruce de Corin, abandonado yacía un cuerpo, el General Vingilot. Los Cruzados habían partido a la Capilla de la Luz olvidándose del elfo. Tras varios minutos emerge de las sombras de la habitación una silueta incompleta.
- ¿Quién eres? ¿Angus? -.Preguntó Vingilot entre balbuceos.
- Descansa mi campeón, estás a salvo, ven conmigo. -.Susurró una gélida voz procedente de aquel enigmático personaje.
- ¡Ayuda! ¡No dejéis que me atrape! -.Los gritos del General morían entre las paredes del lugar.
Nadie acudió al rescate, todos habían desaparecido, en aquella estancia tan sólo estaban ellos dos.
- ¡Descúbrete! ¿Quién eres? -Las exigencias del desesperado elfo no producían reacción alguna por parte de su acompañante.
- Ya me conoces, sabes quien soy a pesar de que nunca me hayas visto... - La figura misteriosa se personó enteramente.
- A...Arthas... -.Respondió
El Rey Exánime posó una mano sobre el rostro de Vingilot, después de un cañón de luz rojizo el elfo permanecía con la cara tapada... por una máscara.
- Levántete Caballero de la Muerte -.Ordenó Arthas a su nuevo acólito.
- Salve mi señor. ¿Cuáles son sus deseos? -.Vingilot se puso en hinojos rindiendo pleitesía a su maestro.
- Irás a Naxxramas, allí recibirás instrucción, asegúrate de que ningún Cruzado te captura, y si lo intentan... mátalos. -.Una vez finalizó el dictado la figura del Rey Exánime se desvaneció.
Vingilot montó en su montura, Thades, que también había sufrido un cambio, la armadura se mostraba desgastada, había perdido sus carnes y los huesos asomaban blancos, reclucientes, el caballo maldito irradiaba un aura tenebrosa, al igual que su amo.
- ¡Adelante Thades! ¡A Naxxramas!
Los Cruzados patrullaban las Tierras de la Peste buscando al General entre gritos y lamentos, se temían lo peor. Pero solamente dos le vieron, ésos eran Daegul y Uldurian que lo atisbaron mientras cabalgaba en dirección al Bosque de la Peste, le persiguieron durante unos minutos, pero no le dieron alcance... Sin embargo alguien esperaba en el portal de Naxxramas, Rasilt Noktumbra.
- No vas a ninguna parte, estúpido. - El Renegado amenazaba al Caballero de la Muerte con la espada desenvainada y con pose de combate.
- ¿Quieres luchar? que así sea. - Vingilot desmontó de su montura y observó a su rival.
Las espadas de los guerreros chocaron entre sí produciendo en el ejercicio un sonido metálico, ambos combatientes intercambiaron firmes golpes que no atinaron en el blanco.
Después, Rasilt aturdió a Vingilot al mismo tiempo que dio unos pasos hacia atrás, el Héroe de los Renegados cargó sin piedad, no obstante, una milésima de segundo antes de que la hoja de la espada se clavase en Vingilot, éste invocó a las fuerzas de la Oscuridad que chocaron contra Rasilt dejándolo desarmado y tumbado en el mohoso suelo.
- ¡Vamos! ¡Mátame! -. La impotencia de Rasilt era muy dolorosa, deseaba acabar de una vez por todas.
- No, no lo haré, vete. -.El caballero de la Muerte envainó su espada con tranquilidad.
- Claro, aún crees en la Luz, tienes salvación lo sé, además si acabas conmigo tú morirías también. No eres de Arthas todavía, encontraré a un Paladín que logre redimirte salvaremos tu alma de la corrupción y volverás a ser el de antes, cuando no estabas bajo el influjo de esa máscara. -.Las palabras de Rasilt sonaron fuertes y convincentes.
- ¡Cállate!. Vingilot propinó una fuerte patada al Renegado en la mandíbula con un claro enfado.
A continuación llamó a Thades y volvió a montar en él, su montura cabeceó un momento y reanudó la marcha dejando a su paso un traqueteo ominoso...
Interludio. Segundo dia de las Cruzadas desde Mordrekai
Había sido un día duro, y tenía previsto que la noche sería también pesada. Nunca pude imaginar hasta que punto.
Como herrero, mi trabajo no termina cuando finalizan las batallas. Tras el combate, hay que reparar armaduras y afilar armas. En ello había estado hasta pasar la media noche. Me encontraba en aquel momento respirando algo de aire libre en las afueras de la antigua Lordaeron acompañado de Ledion, el cual me traía preocupantes nuevas del viejo Drek'thar.
Súbitamente, vi a Rasilt salir a la carrera de la ciudad. Iba hecho una furia, pero la expresión de su rostro cambió un poco al verme. Me conminó a que le siguiera y así lo hice. Aunque nadie le pidió nada a Ledion; este, cargado de buena voluntad, echó a correr tras nosotros también.
Llegamos a la plaza de las afueras de la ciudad. Allí estaba Vingilot, montado sobre un siniestro corcel. Sus ropas oscuras y siniestras y su espada, negra como el azabache. Parecía que nos esperaba.
Rasilt y Vingilot intercambiaron palabras cargadas de veneno. Poco me costó comprender que Vingilot, al cual no había visto en todo el día, había caído presa de la corrupción. ¡Cuanto lamenté no haberme dado aire en mantenerlo vigilado como me dije a mí mismo el día anterior! Y sin embargo, según me contarían después, la corrupción de Vingilot había empezado mucho antes. Con todo, era probable que este viejo herrero poco hubiera podido hacer para impedir nada.
Cesó el intercambio de palabras, y Rasilt me lanzó entonces una daga para que la guardara; pero Vingilot fue rápido. Sorprendentemente rápido. Con un gesto desenvainó su gran espada negra e interceptó la daga en pleno vuelo, tras el golpe de la espada, ascendió en vertical y cayó sobre la palma del siniestro paladín.
-¡Ah! Pero esta daga, no es una daga normal ¿verdad Rasilt? - señaló con sorna Vingilot.
El rostro del Señor cruzado permaneció inmutable.
-Vamos fuera. Terminemos con esto. - fueron sus únicas palabras.
-No pudiste conmigo antes ¿Que pretendes hacer ahora?
Vingilot hablaba flotando en la confianza en sí mismo, Sin embargo siguió a Rasilt a las afueras de la ciudad. Una vez fuera, elfo y renegado, cruzaron sus miradas. Un instante después, Rasilt desenvainó y cargó con furia. Vingilot detuvo la primera embestida, de la que un millar de chispas saltaron. Los espadazos se sucedieron con pasmosa brutalidad; Saltaba a la vista que Rasilt llevaba la iniciativa, pero Vingilot bloqueaba los ataques con maestría. Aunque le estaban haciendo retroceder, el maldito no dejaba de reír.
Tras una última embestida, las espadas de ambos quedaron trabadas. Rasilt empujó, pero Vingilot no se movió. Se percató de que el no-muerto, con la traba, solo pretendía acercarse a él. Al bajar la mirada, se encontró con la mano de Rasilt tratando de alcanzar el puñal. En ese instante, un huracán de energía oscura se interpuso entre ambos. Vingilot sonreía desde el vórtice de aquella energía que se iba disipando gradualmente. Con un gesto cargado de socarronería, ninguneó el intento de Rasilt con el dedo índice.
Rasilt volvió a cagar, y Vingilot volvió a parar la carga con su espada, pero una nueva sorpresa le hizo trastabillar. Yo. Me coloqué tras él, bloqueando sus piernas, y haciendo que el paladín cayera de espaldas. La expresión de sorpresa del elfo se vio interrumpida al dar sus huesos contra el suelo. Rasilt trató de sujetarlo, pero Vingilot lo lanzó por encima suyo.
-¿Que ha sido del valor individual y el honor? - Preguntó el elfo atropelladamente.
- ¡Lo hemos cambiado por "el fin justifica los medios", c a p u l l o!
Acto seguido, y antes de que consiguiera levantarse, lo lo cogí de las piernas y, alzándolo en volandas, lo zarandeé, pero el elfo tenía mucha fuerza. Consigió liberar una pierna de las presas de mi brazo y me lanzó una patada en la cara que rompió los morros. Lo solté y cayó al suelo. Cuando trataba de incorporarse, apareció Rasilt que le propinó una brutal patada en los riñones, la cual hizo que Vingilot se levantara un poco. El elfo, medio a escondidas, cogió su espada del suelo y lanzó un surco rasante que pilló a Rasilt por sorpresa. La espada mordió el hueso y partió el peroné. Rasilt cayó al suelo con un grito de agonía, pero no cejó; como una exhalación, se lanzó hacia el elfo, cogiéndole de las muñecas, Aun a pesar del gesto desesperado, no consiguió impedir que Ledion se incorporara. Con un gesto de contorsionista, pasó su pierna por entre los brazos unidos, clavando el talón en la boca de Rasilt.
Rasilt salió disparado, sin embargo, por un acto reflejo, o por voluntad de los espíritus, agarró la máscara de Vingilot, mientras caía de espaldas. El elfo rió algo nervioso al ver al no-muerto en el suelo. Se llevó la mano al cinturón, pero para su sorpresa no lo encontró allí. Antes de que se diera la vuelta,le dí una patada en la parte trasera de la rodilla, la cual se hincó en el suelo. Se giró hacia mí, y lo saludé con una patada en su hermosa cara. Sonreí de satisfacción al ver que Vingilot se había vuelto un poco menos guapo; pero no me entretuve, ni Rasilt, que se arrastraba hasta nosotros y, sujetando a Valarion de un brazo, me conminó a que acabara con él Me puse a horcajadas sobre el elfo y levanté el puñal. Cuando el filo caía irremediablemente hacia el pecho del paladín caído, algo me empujó y me lanzó al suelo.
-¡No dejaré que un miserable orco haga daño a mi general! - Fueron las altivas palabras que Elenihon pronunció para dar más énfasis a su triunfal entrada en escena. ¡Maldito sea!
En fin, el resto de la historia, ya os la cuenta él. Es lo mínimo que nos debe después de todo lo que se torció el asunto a raiz de su intervención.
Confiando en que Vingilot permanecería bien vigilado en la Capilla de la Esperanza, con Rasilt (aunque el pobre no podía ni mantenerse en pie) y el Alba Argentea, serían suficientes para impedir que el perturbado General de Quel'thalas tratara de volver a escapar, me reuní con los demás cruzados.
Lamentablemente no había ningún paladín presente para extraer el puñal del pecho de Vingilot. Por lo que tendría que esperar hasta el día siguiente, ya que según parecía, Tristan había partido hacia el sur con la promesa de reunirse con nosotros el próximo dia, trayendo refuerzos para la cruzada.
Lamenté profundamente que el general de el Alba Argentea se negara a sacar el puñal del pecho de Vingilot. No sé si temía corromperse si veía el corazón de Angus o que... Naturalmente, y por mi propio interés, me guardé mis dudas sobre la pureza de corazón de la cual tanto le gustaba alardear.
No había olvidado la máscara. Rasilt me previno de que me la pusiera ¡No soy tan tonto1 Pero no estaba de más que lo dijera. Estaba claro que aquella máscara tenía algo siniestro, y no sería yo quien tratara de combatir la corrupción que, aparentemente, afectaba a quien se la ponía... y sin embargo no podía dejarla simplemente tirada por ahí. La puse en el suelo y le dí un martillazo a ver si podía simplemente reducirla a cachitos rotos. Nada. Era sorprendentemente resistente. Quizás en una fragua...
Llamé a mi loba y me dirigí a la Infraciudad. No sabía si podría derretirla, pero debía intentarlo. Suspiré agotado. Faltaban pocas horas para amanecer y me quedaba por delante una peligrosa cabalgada en dirección hacia la capital de los Renegados. En fin... supongo que hay cosas que no pueden esperar.
Nace un nuevo día en las tierras del Azote. Y el tercer día de Cruzadas apenas tardará unas pocas horas en empezar... espero que les vaya bien sin mí. Ya casi he salido de las tierras de la plaga, y la máscara resulta una presencia incómoda, oculta bajo mi tabardo. No veo el momento de comprobar si puedo derretirla en la gran fragua de la infraciudad.
Interludio, Segundo día de las Cruzadas desde Elenihon
[Un grito de ira desgarro el silencio de la noche en los Claros de Tirisfal y la atención de loba y elfo se giró hacia el este, había sido un día duro luchando contra la Plaga a las puertas de Stratholme, la ciudad fantasma.]
Cuando llegué hasta el lugar del combate la lucha ya estaba decidida, bajo mi atónita mirada Vingilot se postraba en el suelo sin fuerzas y Rasilt le sujetaba por un brazo mientras que Mordrekai avanzaba amenazante con una daga en las manos.
Me dispuse a detener al orco antes de que asesinara al General de Lunargenta cuando Vingilot pareció recobrar fuerzas. Pero algo en su mirada me dijo que no eran sus fuerzas sino las de otro ser sacado de la mas retorcida pesadilla.
Sus ojos inexpresivos y su pálida tez fueron acompañados por una sonrisa sarcástica y unas palabras de agradecimiento.
-¡Gracias Elenihon, me has salvado la vida! – dijeron sus labios en tono mordaz.
Entonces supe que ese no era Vingilot. Rasilt se puso en pie y tiro la mascara al suelo mientras empuñaba su espada y de nuevo sus tajos cortaron el aire... pero esta vez no fue Vingilot quien termino en el suelo.
Raudo el otrora paladín monto en su corcel y se adentró en las tierras de la peste escapando de los cruzados, solo había un sitio donde podía refugiarse... Naxxramas... y yo no podía permitir que escapara, así que me vi obligado a perseguirle.
Cuando le di alcance se encontraba en el puente que conducía al bosque de la peste, era el único paso seguro hasta Naxxramas. Pese a su aspecto dentro del elfo que tenia delante se que aun habitaba el paladín que tantas veces me acompaño en pos de la defensa de nuestra patria, no obstante no me dejo muchas mas opciones que luchar.
Nuestros filos entrechocaron durante unos minutos que parecían pasar a cámara lenta, los dos recibimos muchas heridas pero al final Vingilot obtuvo la ventaja, los poderes oscuros de su nuevo señor parecían fortalecerle aunque no lo suficiente como para matarme por lo que se vio obligado a huir nuevamente hacia el norte.
Sin aliento, sin fuerzas y con mi brazo inutilizado poco podía hacer contra el caballero de la muerte, cuando de nuevo le di alcance Rasilt se interponía entre él y el caño que conducía al bosque y aunque debilitados hasta tal punto como estábamos de casi no poder mantener nuestras armas en alto conseguimos reducirle y llevarle a la capilla de la esperanza de la luz para que el Alba se hiciera cargo de él mientras recuperábamos nuestras fuerzas y tratábamos las heridas.
La historia de la extraña corrupción de Vingilot y de la única forma de librarle de aquel mal por la mano de un paladín puro me ha hecho entender que posiblemente juguemos con fuerzas que no llegamos a entender del todo, sin duda la Plaga no ha hecho su ultimo movimiento y la sinuosa sombra de la fortaleza del terror parece flotar sobre nuestras cabezas, por ello he de dirigirme a Naxxramas y averiguar que esta ocurriendo dentro de sus muros.
Ruego a la Luz que me de fuerzas para salir con vida de aquel lugar pues por penetrante que sea la oscuridad la mas débil Luz puede aspirar a disiparla.
La Fuga
Maniatado, herido y desmadejado se encontraba el Caballero de la Muerte bajo la atenta mirada de una tropa entera del Alba Argenta lo que vigilaba.
- ¡Bu! - Exclamó Vingilot haciendo retroceder a algunos de sus custodios que lo miraban con expectación desde el otro lado de la celda.
- ¿Qué os ocurre?, ¿No tendréis miedo de un pobre lisiado? - Dijo el mismo con una mezcla de odio y sarcasmo.
Los guardias parecían nerviosos, inseguros de sí mismos pues solamente los laureados oficiales habían visto antaño a un Caballero de la Muerte. El reo, carente de fuerzas cesó los forcejeos contra sus ataduras y optó por tumbarse sobre un montón de paja. El corrompido Paladín cerró los ojos, dejándose llevar por el sueño. Al cabo de unas horas, dos o tres tal vez, Vingilot se despertó de golpe, los carceleros estaban roncando y la puerta abierta.
- ¿Pero qué...? - Se preguntaba el elfo.
- Ah... no se iba a quedar sin hacer nada, gracias mi señor.
Salió cuidadosamente de la prisión, recogiendo antes su espada negra que se presentaba tumbada sobre un altar sagrado, seguramente quería purgarla, recorrió la nave de la Capilla de puntillas a fin de no despertar a nadie pues si lo hacía, probablemente lo matarían. A pesar de sus denodados esfuerzos las heridas suponían una carga lacerante, y la maldita daga aún permanecía hincada entre sus costillas.
- ¡Sucias sabandijas! ¡Pagarán cara tamaña afrenta! - Escupió con amargura el Caballero.
- ¿Por dónde salgo ahora?, la puerta está cerrada y las ventanas... ¡las ventanas están rotas!
De un puñetazo, hizo volar las carcomidas tablas que tapaban torpemente uno de los ventanales, reunió fuerzas y saltó a través de ella. El aterrizaje fue algo brusco, cayó encima de unas cajas de suministros que se partieron al amortiguar la caída del elfo que se reincorporó al instante frotándose la espalda en un gesto de dolor. Continuó la travesía por todo el campamento, los guardias dormían plácidamente, por lo que no le fue difícil salir del reciento que dominaba el Alba Argenta.
Una vez libre, Vingilot emitió un siniestro silbido que a los pocos segundos fue respondido con la llegada de su fiel Caballo. Se disponían a partir a Naxxramas de una vez por todas, pero reparó en algo, no tenía la máscara. El desasosiego del General caído fue en aumento, se llevó las manos a la cabeza que le torturaba terriblemente y bramó un grito espantoso, rebosante de ira.
- Thades, A Darrow...
La Liberación
* No puedes conmigo... mi Luz es demasiado fuerte... largo de aquí... *
- ¡Necio, eres mío, doblégate a mi voluntad!
* Nunca... tu caída está próxima Arthas... *
El Caballero de la Muerte Vingilot se hallaba en Castel Darrow, martirizando a los antiguos espíritus con torturas inimaginables, tormentos incesantes. Sin que se diese cuenta, un Guerrero Renegado cruzaba el puente que se dirigía a la isla en dirección a él. El sonido de los cascos se hacía cada vez más audible, los fantasmas se giraron y junto a ellos el Paladín Caído.
- ¡Ah! El Sargento Angus. - Exclamó el Caballero de la Muerte desde lo alto de una colina.
- Aguanta Vingilot, te sacaremos de ahí. - Musitaba el aludido.
* Me alegra verte, hermano *
- Déjalo, Príncipe Traidor. - Exigió el Campeón de los Renegados acompañado de un gesto amenazador.
- Me abruma tu insistencia, mas de sobra sabes que no puedes hacer nada con él, han de ser un Paladín el que ha de vencerme.
- Por allí viene uno.
Valarion Elvessil, Comandante de Requiem salió de la anranjada niebla.
- Un paladín elfo - Señaló con sorna el Caballero de la Muerte.
- Todo intento por tu parte es superfluo.
- Ya sé quién eres, los recuerdos de Vingilot son muy útiles.
- ¿Recuerdos?
- ¡Vaya! ¿No me has reconocido?
Tras unos momentos de reflexión, Valarion respondió:
- ¿¡Arthas!?
- El mismo, o mejor dicho, una porción de su alma que controla el cuerpo del General Vingilot, no duraré mucho en ésta forma, pues me está molestando demasiado.
- Eres un fantasma, Arthas, huyes del mundo en tu trono de hielo, cobarde.
Al escuchar estas palabras, el Paladín Caído se apeó del caballo, desenvainó la oscura espada y retó al Comandante de Requiem, que, aceptó sin dudar el reto.
Los luchadores se estudiaron durante breves instantes, Vingilot dibujó un sesgo vertical con su espada que fue esquivado espléndidamente por Valarion avezado en las tácticas defensivas.
Segundos después, el propio elfo acometió con una estocaba baja que fue repelida por el títere de Arthas, a continuación éste saltó varios metros por encima de la cabeza del Comandante de Requiem y se situó detrás de él. La inesperada muestra de acrobacia descentró al Paladín y dio una ventaja al Caballero de la muerte que no dudó en aprovechar la petrificación de su oponente para hender su acero y atravesar a Valarion por la espalda. La sangre manó macabramente por la boca manchando de escarlata la intoxicada tierra de Castel Darrow.
- ¡Aaaaaahhh! - El derrotado emitió un grito de dolor espantoso.
- Ése es el trato que reciben los enemigos del Rey Exánime.
* Aguantad, ya le tengo *
Vingilot arrancó llevándose por medio un trozo de músculo.
- ¡General! - Una voz estridente resonó en la pequeña isla, era Uldurian, acompañado iba, de dos elfos más, el matrimonio Findabair, compuesto por el Archimago Eldran y la bella Alyrä.
- Bienvenidos al espectáculo - Dijo Vingiltot con sarcasmo.
Un nuevo espamo de tos, sacudió al Caballero de la Muerte, el verdaero Vingilot, vencía a su carcelero.
- Daos prisa, Uldurian, acaba con él, está debilitado ¡Vamos! - Instó Rasilt.
- ¡Por Arthas! - El último personaje cruzó el escenario de la batalla y cargó contra Rasilt tirándolo del corcel.
Shadakith, guerrero de La Plaga comenzó una improvisada lucha contra Rasilt Noktumbra.
Mientra tanto, Valarion era atendido por Eldran y Alyrä que realizaron las curas pertinentes a fin de conservar la vida del agonizante Paladín.
Como era de esperar, el Héroe de los Renegados se adelantó al iracundo siervo de Arthas y le redujo.
Era el turno de Uldurian, el cuerpo de Vingilot estaba demasiado debilitado, debía vencer...
Sin esperar la rápida reacción del otro Paladín, el Caballero de la Muerte recibió la descarga del gran mazo de Uldurian que lo tumbó de un golpe. Era el momento de extraer la daga y liberar al General de Quel'Thalas.
* ¡Valarion, Uldurian! ¡Ahora! *
Los dos elfos asieron la daga que asomaba desde el pecho del cuerpo de Vingilot, una haz de luz rodeó el cadáver que centelleó una vez el arma fue extirpada.
- ¡Noooooo! - La voz de Arthas perdía fuerza a cada momento, subyugándose a su propio dueño.
Un destello luminoso cegó a los presentes, tras recuperar la vista vieron a Vingilot, el Verdadero Vingilot. Ataviado con una resplandeciente túnica blanca, de su espalda nacían dos alas de color platino que batían con delicadeza provocando un armonioso baile entre los árboles del lugar.
- Le hemos vencido, al menos a nivel espiritual, dentro de un tiempo, de poco tiempo le desterraremos del mundo, por siempre...
Vingilot, tras percatarse de la ausencia del Paladín decide separase de la banda de Cruzados y regresar a la Vega del Amparo. Tras unos minutos de búsqueda localiza a Uldurian tumbado encima de un montículo.
- Aquí estás, en pie, te estamos esperando. - Ordenó el General
- ...Azeroth... ¿Ehm? - Uldurian se encontraba fuera de sí, dato que alarmó a Vingilot.
- ¿Qué haces?, ¿Estás poseído? - Inquirió nuevamente el General de Quel'Thalas
Uldurian estaba completamente absorto, sin hacerle caso. La preocupación de Vingilot fue en aumento, tanto que le ajustó un puñetazo en el estómago a su acompañante para hacerle reaccionar.
Siempre oportuno, apareció Rasilt junto a Shadakith mientras Uldurian estaba siendo reducido.
- Está raro, le arrestaré hasta nueva orden. - Informó el captor a los llegados.
- Eso veo, ¿Todavía tienes la máscara Vingilot? - Dijo Rasilt con gesto pensante.
- Eh, sí, aquí la tengo. ¿Por qué?
- Creo que le influye, vamos a destruirla, coge la daga.
Con un acto rápido Vingilot receptó la daga y se la clavó a la máscara que tanto daño le había hecho.
Una fuerte explosión sacudió a los presentes arrojándoles varios metros en el aire, las Tierras de la Peste Oeste, temblaron. La esencia oscura de Rasit, Angus Piedrasangre se unió al tenebroso poder de la máscara, de ahí se debe la fuerte reacción al fundirse con ella.
Minutos después, el General se reincorporó, había un gran cráter justo en el lugar que ocupara la máscara segundos antes, miró a su alrededor y encontró los cuerpos de sus compañeros.
Ayudó a Shadakith a levantarse, que no presentaba daños en su ósea estructura, después posó su vista en Rasilt que se ponía en pie con dificultad, Uldurian gemía de dolor.
- ¿Qué ha pasado? - Murmuraba Rasilt.
Uldurian balbuceaba interrogantes similares, la conclusión era clara, la fuerzas oscuras de la máscara habían contagiado las mentes y las almas de Rasilt y Uldurian de manera incontrolada, tan sólo había una solución para Vingilot, ejecutarlos antes de que Arthas se apoderara de ellos.
No fue fácil para el General acabar con sus vidas, pero él mismo se prometió que nadie sufriría los tormentos que el tuvo que aguantar mientras era esclavo del Rey Exánime, así pues ajustició a los contaminados combatientes. La medida fue drástica, sí, pero Vingilot no se fiaba de Angus ni de su artera capacidad de seducción espiritual, ya no habría riesgos.
Shadakith contemplaba la escena catatónico, sin saber muy bien lo que debería hacer, había jurado ante Sylvanas proteger a Rasilt, aún así, no movió un dedo para detener a Vingilot.
Los cadáveres de Rasilt y Udurian fueron trasladados a la Capilla de la Luz por orden expresa de su verdugo, con ellos iba el misterio de los planes del enigmático General de Quel'Thalas...
Dos artilugios de poder: La Máscara y la Daga (Por Daerloth Brethil Argulan):
Puede que aún se ignore cuáles son los poderes que destilaban los siniestros artefactos que poseyeron los generales Rasilt Noktumbra y Vingilot. Sin embargo, quizás podramos atisbarlo mediante los comportamientos en extremo inhabituales cuando fueron influídos de su taumaturgia vil:
- La Daga: Su procedencia es ignota, los estudiosos han barajado la posibilidad de catalogarla como morada de un demonio (¿Angus?) , sediento de poder que acaba imbuyendo de su esencia al portador.
- La Máscara: Por el momento, deduzco que se trata claramente de un objeto oscuro de corte nigromántica. Ner'Zhul empleó máscaras similares para captar a los primeros Caballeros de la Muerte, no obstante, el ejemplar del que se habla en las Cruzadas indica que pertenece a una categoría más elevada, destinada para atraer a fuertes poderes. Pueden recomponerse, en el caso de hallar alguna, jamás habrá de ponérsela.
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